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El mundo al revés de la TMM

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01/23/2019Robert P. Murphy

[Nota del editor: La TMM está de vuelta en las noticias, defendida por la congresista Alexandria Ocasio-Cortez y la exconsejera de Bernie Sanders, Stephanie Kelton. Economistas como Brad DeLong y Paul Krugman están alabando, al menos ligeramente, la TMM e incluso National Review tiene cosas favorables que decir. Paradójicamente, la TMM no es ni moderna ni verdaderamente “monetaria”, sino que es una combinación de cansinas políticas fiscales y monetarias. Nuestro Miembro Sénior Robert Murphy escribió por primera vez este artículo atacando la TMM en 2011, pero cada palabra es aplicable hoy]

La Teoría Monetaria Moderna (TMM) es un paradigma económico/financiero de moda que aparentemente está arrasando en un mundo insatisfecho con la economía ortodoxa. A lo largo del año pasado, hemos ido oyendo a un número creciente de gente referirse a la TMM: ya sean seguidores que piensan que hace estallar mis opiniones austriacas o enemigos que creen que merece una crítica a gran escala.

La popularidad de la TMM deriva de su aparente rigor matemático, su desacuerdo con las doctrinas evidentemente erróneas de la ortodoxia neokeynesiana estándar y su mensaje subyacente de esperanza de que las limitaciones percibidas sobre el gasto público en déficit son una ilusión. Los defensores de la TMM nos dicen que los sistemas de dinero fiduciario han eliminado las cadenas asociadas con el patrón oro y que nuestra recuperación económica solo se ve limitada por nuestra incapacidad de entender cómo funcionan el dinero y la banca modernos.

Después de m por supuesto breve investigación, he concluido que la visión del mundo de la TMM no cumple con sus premisas. Sin embargo, como economista austriaco, sé los molesto que resulta que los “grandes pistoleros” de la profesión económica rechacen mi propia postura como un sinsentido sin ni siquiera tomarse la molestia de indicar lo que está supuestamente mal en la aproximación misesiana. Por tanto, en el artículo actual trataré de resumir en general un gran error en el pensamiento de la TMM y demostrar por qué es, en el mejor de los casos, engañoso, y directamente falso en el peor.

Bases de la TMM

Una cosa que debo dejar clara desde el principio es que la TMM no es lo mismo que la economía neokeynesiana, expuesta por gente como Paul Krugman. De hecho, Krugman ha criticado activamente a los propios seguidores de la TMM (a lo que estos han respondido aquí y aquí, por indicar solo dos ejemplos).

La TMM está relacionada con la antigua doctrina del “cartalismo”, para lectores que estén más familiarizados con este último término. El aspecto fascinante de la TMM es que da la vuelta a las visiones habituales. Por ejemplo, los seguidores de la TMM sostienen que el emisor sobreaño de moneda fiduciaria nunca puede ser insolvente. Para ellos, los impuestos no se usan para lograr ingresos para el gobierno, sino más bien para regular la demanda agregada.

Sería absurdo por mi parte tratar de resumir la postura de la TMM, ya que estoy seguro de que ofendería a sus defensores por mi imprecisión. Como decía Morpheus de Matrix, no puedo contaros la visión del mundo de los seguidores de la TMM: debéis verla vosotros mismos. El sitio web de Warren Mosler se considera la mejor parada para repostar y los comentarios en mi post abierto de blog están llenos de sugerencias de lectura de seguidores reales de la TMM.

La postura contraintuitiva de la TMM sobre los déficits públicos

Para ilustrar mis problemas con la TMM, centrémonos en un aspecto específico: el debate sobre el déficit presupuestario público: Con los austriacos y otros libertarios reclamando recortes inmediatos en el gasto, mientras que los keynesianos reclaman restricciones futuras en el gasto y aumentos de impuestos para ralentizar el aumento constante de la deuda, tenemos a los seguidores de la TMM y dicen que ambos bandos son unos ignorantes.

De acuerdo con muchos defensores de la TMM, “los déficits no importan” cuando un gobierno soberano puede emitir su propio dinero fiduciario y todo ese retorcerse de manos acerca de la solvencia del gobierno es absurdo. De hecho, los seguidores de la TMM afirman que, dada la realidad de un déficit comercial en EEUU, una disminución súbita del déficit presupuestario público perjudicaría la capacidad de ahorro del sector privado. Así que los austriacos estarían reclamando inadvertidamente un desplome del ahorro privado cuando piden de forma absurda austeridad pública.

He explorado los sitios web de unos pocos eminentes seguidores de la TMM y aquí está la mejor explicación que he podido encontrar de este razonamiento. La cita que hago a continuación es algo larga y contiene ecuaciones, pero reproducirla es la única manera de estar seguro de que no estoy malinterpretando la postura de la TMM:

El concepto contable nacional soporta el modelo básico de renta-gasto que está en el núcleo de la macroeconomía elemental. Podemos ver este modelo de dos maneras: (a) desde la perspectiva de las fuentes de gasto y (b) desde la perspectiva de los usos de la renta producida. Aunar estas dos perspectivas (de la misma cosa) genera los balances sectoriales.

Así que, desde la perspectiva de las fuentes, describimos:

PIB = C + I + G + (X – M)

Lo que significa que el Producto Interior Bruto (PIB) es la suma total del gasto final de consumo (C), la inversión privada total (I), el gasto público total (G) y las exportaciones netas (X – M) [es decir, exportaciones menos importaciones].

Desde la perspectiva de los usos, la renta nacional (PIB) puede usarse para:

PIB = C + S + T

Lo que significa que el Producto Interior Bruto (PIB) acaba volviendo a las familias que consumen (C), ahorran (S) o pagan impuestos (T) con ellos una vez se realizan todas las distribuciones.

Así que, si igualamos estas dos perspectivas del PIB, conseguimos:

C + S + T = C + I + G + (X – M)

Esto se puede simplificar eliminando la C de ambos lados y reordenado (mezclando cosas, pero aun así satisfaciendo las reglas del álgebra) en lo que llamamos la visión de los balances sectorial de las cuentas nacionales.

(I – S) + (G – T) + (X – M) = 0

Es decir, que los tres balances tienen que sumar cero. Los balances sectoriales derivados son:

  • El balance doméstico privado (I – S) …
  • El déficit presupuestario (G – T) …
  • El balance de cuenta corriente (X – M) …

Una simplificación es sumar (I – S) + (X – M) y llamarlo sector no público. Entonces se llega al resultado básico de que el balance público equivale exactamente dólar por dólar (…) al balance no público (la suma de los balances doméstico y externo). Esta es también una regla básica deducida de las cuentas nacionales y tiene que ser aplicable en todo momento.

Para nuestra explicación, simplifiquemos las cosas eliminando el aspecto del comercio internacional. (Podemos justificar esto mirando al mundo como un todo, que evidentemente no puede tener un déficit o un superávit comercial,1 y analizar así los efectos de los cambios en los déficits presupuestarios totales de los diversos gobiernos).

Así que, si eliminamos exportaciones e importaciones y reordenamos los términos restantes, deducimos esta ecuación:

G – T = S – I

Es decir, la cantidad de gasto público menos el ingreso fiscal total es necesariamente igual al ahorro privado menos la inversión privada. Los seguidores de la TMM podrían expresar sucintamente esta relación en palabras:

Déficit presupuestario Público = Ahorro Privado Neto

 La ecuación apoya el desdén de los seguidores de la TMM hacia el Tea Party en su reclamación de austeridad fiscal. Deducimos la ecuación anterior mediante tautologías contables, sin basarnos en ninguna teoría económica concreta, así que debería ser inexpugnable. Y caramba, sin duda parece que, si el gobierno redujera su déficit presupuestario, el ahorro del sector privado disminuiría necesariamente. ¡Vaya! ¿Han estado los austriacos defendiendo inintencionadamente una destrucción masiva de capital sin darse cuenta?

Por supuesto, no se necesita al gobierno para ahorrar

Cuando encontré por primera vez esta afirmación (la de que el déficit presupuestario público era necesario para permitir incluso la posibilidad matemática del ahorro neto en el sector privado) me di cuenta de que había gato encerrado. Por ejemplo, en mi libro de texto de introducción dedicaba el Capítulo 4 a la economía de “Robinson Crusoe”.

Para explicar la importancia del ahorro y la inversión en una economía de trueque, seguía un sencillo ejemplo numérico en el que Crusoe puede recoger diez cocos cada día con sus manos desnudas. Esta es su “renta real”. Pero para prosperar Crusoe necesita ahorrar, es decir, vivir por debajo de sus posibilidades. Así que, durante 25 días seguidos, Crusoe recolecta sus diez cocos diarios usuales, pero solo se come ocho. Esto le permite acumular una existencia de 50 cocos, que pueden servirle durante diez días como previsión (con medias raciones) en caso de que Crusoe esté enfermo o herido.

Crusoe puede hacer algo mejor. Se toma dos días libres de trepar a los árboles y recoger cocos (con sus manos desnudas), para recoger palos y lianas. Luego usa estos recursos naturales para crear una larga vara que aumente enormemente su trabajo en el futuro en términos de cocos recolectados por hora. Esta inversión en un bien de capital solo fue posible debido a un ahorro previo de Crusoe: no habría sido capaz de durar dos días sin comer si no hubiese sido capaz de crear su almacén de 50 cocos.

Hay reconocer que es una historia muy simple, pero toca los conceptos básicos de renta, consumo, ahorro, inversión y crecimiento económico. En esta historia nunca tuve que introducir un gobierno con un déficit presupuestario para hacer que “funcione” la historia. Crusoe es capaz de vivir realmente por debajo de sus posibilidades (de consumir menos que su renta) y así canalizar recursos para la producción de más bienes de capital. Esto aumenta su productividad futura, que lleva a una renta superior (y por tanto a un consumo superior) en el futuro. No hay aquí ningún truco y el ahorro de Crusoe es realmente “neto” en el sentido de que no se ve contrapesado por un préstamo de consumo tomado de su vecino Viernes.

¿Entonces cómo tenemos que interpretar la proclama de los seguidores de la TMM de que el “ahorro privado neto” es necesariamente igual al déficit presupuestario público (si ignoramos el comercio internacional)?

Cuando planteé esta pregunta en mi blog, Nick Rowe (que es un economista muy perspicaz) defendió el enunciado de la TMM de esta manera:

Robert [Murphy]: “En particular, creo que es absurdo que la gente diga que, si el gobierno federal genera un superávit presupuestario, por simple contabilidad el sector privado no puede ahorrar”.

[Nick Rowe:] Eso es perfectamente correcto y estándar una vez se hace la traducción. Supongamos [una economía cerrada al comercio internacional]. Definamos “ahorro privado” como “ahorro privado menos inversión” (…) que es como normalmente los seguidores de la TMM usan la palabra “ahorro” o a veces “ahorro neto”. Entonces es Contabilidad Nacional de Renta estándar. Y=C+I+G y  S=Y-T-C, por tanto S-I=G-T.

Y aquí lo tenéis: Cuando los seguidores de la TMM hablan de “ahorro neto”, no quieren decir que la gente colectivamente ahorre más de lo que la gente colectivamente toma prestado. No, quieren decir que la gente colectivamente ahorra más de lo que la gente colectivamente invierte.

No estoy tratando de reírme de Nick Rowe: es un economista profesional que ha escrito posts muy minuciosos relacionados con la TMM para economías más ortodoxas. Pero fijaos en lo que se ve obligado a teclear: “Definamos ‘ahorro privado’ como ‘ahorro privado menos inversión’”. Como señalaba en mi respuesta a Rowe, si definimos “ahorro privado” como “ahorro privado”, se mantiene mi crítica a la TMM. (Se supone que esto es divertido, por cierto, o al menos como economía puede ser divertido).

Vaya, Nick Rowe y los seguidores de la TMM tienen sin duda razón cuando observan que “el ahorro privado neto de la inversión privada” no puede crecer sin un déficit presupuestario público (repito, si olvidamos el comercio exterior). Pero ¿y qué? El beneficio total del ahorro privado es lo que permite más inversión privada.

Este es el problema fundamental de confiar en tautologías macrocontables: la gente a menudo aporta argumentos causales de teorías económicas sin darse cuenta de que lo hacen. Veamos de nuevo la ecuación que causa tanta confusión:

G − T = S – I

Como economista del libre mercado, no necesito huir de esta tautología. Puedo usarla para subrayar la crítica familiar del “efecto expulsión” [crowding out] de gasto público en déficit. En concreto, si el gasto público (G) aumenta mientras el ingreso fiscal (T) permanece igual, entonces el lado izquierdo de la ecuación se hace cada vez mayor al ir creciendo el déficit presupuestario público. Así que la contabilización nos dice que el lado derecho también debe crecer. Puede ocurrir en parte porque la gente reduce el consumo y ahorra más (debido a unos tipos de interés más altos y su expectativa de cargas fiscales mayores en el futuro), pero también puede producirse porque disminuye la inversión del sector privado.  En otras palabras, si el gobierno toma prestado y gasta más, la ecuación nos dice que podríamos ver menos consumo privado, tipos de interés más altos y recursos reales absorbidos lejos de la inversión privada en proyectos de gasto público sin justificación. Puedo contar muy bien mi “historia” de los peligros del gasto público en déficit con esa ecuación.

Por supuesto, los keynesianos y seguidores de la TMM darán otro giro al resultado de un mayor gasto público en nuestro actual entorno económico, pero ese no es ahora el problema. Lo que quiero decir es que las tautologías contables de la renta nacional no son una buena crítica del Tea Party después de todo. Esas ecuaciones son igual de coherentes con las teorías que afirman que los recortes en el gasto público llevarían a un crecimiento económico más rápido. Los seguidores de la TMM deberían por tanto dejar de indicar estas igualdades como se demostraran la inutilidad de la austeridad económica durante una recesión económica. Esas tautología y la correspondientes ecuaciones de los tres sectores son coherentes con la economía keynesiana y la del Tea Party.

Como última manera de ilustrar el non sequitur de las ecuaciones que incluyen los déficits presupuestarios públicos, advirtamos que podríamos hacer lo mismo, por ejemplo, con Google. Así que, si volvemos a todas las ecuaciones anteriores y redefinimos G para que signifique “gasto total de Google”, entonces C sería “gasto total de consumo de todo el mundo, salvo Google” y así sucesivamente.

Tras hacer esto, seríamos capaces de demostrar (con certidumbre matemática) que salvo que Google estuviera dispuesta a aumentar su deuda el año siguiente, el mundo-salvo-Google sería incapaz de acumular activos financieros netos en la forma en que definen estos los seguidores de la TMM. La respuesta adecuada (perfectamente válida) a esta observación es: ¿A quién le importa?2

No todo el gasto ni la renta son creados iguales

Hasta aquí he aceptado las premisas de la TMM en sus propios términos y demostrado que los defensores de la TMM a menudo descubren en sus relaciones contables neutrales más lo que está justificado por las propias relaciones. Sin embargo, en esta sección final quiero señalar algo todavía más sutil.

Una manera de describir la TMM es que es un modelo “nominal” de la economía, que mira los flujos del dinero sin investigar con mucha profundidad la importancia económica que subyace a dichos flujos. Este artículo ya es bastante largo, así que dejadme que ilustre el problema con una analogía.

Supongamos que Tabitha tiene una renta de 100.000$, de la que consume 90.000$. Tabitha toma sus ahorros de 10.000$ y los presta con un 5% de interés a Sam, que firma un pagaré que le obliga a pagar a Tabitha 10.500$ en 12 meses.

Detengámonos y preguntémonos, ¿ahorró dinero Tabitha en este escenario? Sí, por supuesto que lo hizo. Otra pregunta: ¿acumuló Tabitha activos financieros netos? Sí, por supuesto que lo hizo: tiene un pagaré de Sam reclamable legalmente, que posee en valor actual de mercado de 10.000$ y aumentará en valor a lo largo del tiempo al irse aproximando el día del vencimiento. (Los cambios en la solvencia de Sam y en los tipos de interés podrían, por supuesto, infligir ganancias o pérdidas de capital a lo largo del tiempo).

Alteremos ahora un poco el escenario. Supongamos que os digo que Sam prevé conseguir el dinero necesario para pagar su préstamo vendiendo servicios a Tabitha. Por ejemplo, supongamos que Sam usó el préstamo de 10.000$ para comprar equipamiento que usará luego para trabajos de jardinería en la casa de Tabitha durante un año. Todos los meses Tabitha paga una cuota por sus servicios y después del duodécimo mes que Sam toma esas cuotas, que suman 10.500$, y se las devuelve a Tabitha.

Cambiemos ahora el escenario otra vez: Supongamos que Tabitha presta 10.000$ a Sam, que le da un pagaré por 10.500$ a doce meses. Después de que pasa el año, Sam se dirige a Tabitha y le pone una pistola en el pecho, pidiéndole 10.500$ en efectivo. Ella se los entrega y luego él se los devuelve y rompe su pagaré.

En este escenario, ¿adquirió Tabitha un activo financiero neto cuando prestó originalmente el dinero a Sam? No, en realidad no (especialmente si sabía cómo preveía “pagarle”. En este caso, los ahorros de Tabitha de 10.000$ habrían sido sencillamente confiscados por Sam. Puede seguir la farsa de darle un pagaré y luego robarle para “liquidarlo”, pero económicamente esto equivale sencillamente a que le robe sencillamente los 10.000$ desde el principio. Desde el punto de vista de Tabitha, sus 10.000$ ahorrados se han desvanecido, mientras que el consumo de Sam puede aumentar en 10.000$ sin que haya aumentado su propio endeudamiento.

Expandamos ahora los grupos. En lugar de la individual Tabitha, consideremos el grupo de todos los Contribuyentes. Y en lugar del ladrón individual Sam, consideremos a la institución Tío Sam. Los seguidores de la TMM nos dicen correctamente que los Contribuyentes no pueden acumular “activos financieros netos” (es decir, echar mano de flujos de renta que se originan fuera del grupo) salvo que el Tío Sam genere déficits y les provea de bonos.

¿Pero qué sentido tiene acumular bonos que solo se liquidarán cuando el Tío Sam, aumente coactivamente los fondos necesarios en el futuro al mismo grupo de Contribuyentes?  Cualquier contribuyente individual puede con justicia considerar un bono del Tesoro como un activo neto, porque sus contribuciones fiscales respectivas no variarán de manera significativa basándose en sus decisiones de inversión con respecto a los valores del Tesoro. Pero el sector privado en su conjunto sin duda no supondrá ingenuamente que, si el gobierno tiene un déficit de 1,6 billones de dólares este año, esto predice una lluvia de nuevas rentas fluyendo directamente “al sector privado”.

Espero haber convencido al lector de que hay gato encerrado en las conclusiones de la TMM con respecto al ahorro privado y los déficits presupuestarios públicos. El error se escurre en el primer paso, con la ecuación PIB = C + I + G + (X − M). La única justificación para medir la “producción” (lado izquierdo de la ecuación) con la suma de gasto (en el lado izquierdo) es que, en un intercambio de mercado, el “valor” de algo es lo que el comprador gasta en ello.

Sin embargo, si el gobierno puede aumentar los ingresos mediante impuestos presentes o tomando prestado ahora y devolviendo luego con impuestos futuros, esta justificación desaparece. Sencillamente no es cierto que 1.000$ en gasto en consumo o inversión privados sean una cantidad equivalente a una “producción real” de 1.000$ gastados por los burócratas que obtuvieron el dinero sin el consentimiento de sus “clientes” y que muy posiblemente puedan operar bajo un proceso de apropiaciones de “úsalo u piérdelo”.

Conclusión

La visión del mundo de la TMM resulta intrigante, aunque solo sea porque es muy distinta incluso de la manera convencional en la que piensan los keynesianos acerca de la política fiscal y monetaria. Por desgracia me parece que está completamente equivocada. Los seguidores de la TMM se fijan en tautologías contables que no significan lo que ellos piensan.

  • 1. En su tercer punto, el escritor de la TMM, Bill Mitchell se refiere incorrectamente a (X – M) como el “balance de cuenta corriente”, cuando, estrictamente hablando, es el balance comercial, ya que estamos hablando de PIB y no del PNB. Es una distinción muy sutil que no tiene importancia para este artículo, pero el lector interesado puede leer la explicación de Greg Mankiw.
  • 2. Advertir también que la falta de una imprenta para Google no es relevante para la creación de las tautologías contables. Las ecuaciones sectoriales de los seguidores de la TMM son verdaderas aunque el gobierno tenga una moneda fiduciaria o dinero metálico en oro.
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