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La doctrina marxista de la “ideología”

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01/02/2019Murray N. Rothbard

[An Austrian Perspective on the History of Economic Thought (1995)]

Incluso Marx debe reconocer vagamente que ni las “fuerzas productivas materiales”, ni siquiera las “clases”, actúan en el mundo real, sino solo la conciencia individual y la elección individual. Incluso en el análisis marxista, cada clase, o los individuos de ella, debe hacerse consciente de sus “verdaderos” intereses de clase para actuar en la consecución de los mismos. Para Marx, el pensamiento de cada individuo, sus valores y teorías, están todos determinados, no por su propio interés personal, sino por el interés de la clase a la que supuestamente pertenece. Es el primer defecto fatal del argumento: ¿por qué debería cada individuo mantener siempre a su clase por encima de sí mismo? Segundo, según Marx, este interés de clase determina sus pensamientos y puntos de vista, porque cada persona solo es capaz de “ideología” o falsa conciencia en el interés de su clase. No es capaz de una búsqueda desinteresada y objetiva de la verdad, ni de buscar su propio interés o el de toda la humanidad. Pero, como ha apuntado von Mises, la doctrina de Marx pretende ser ciencia pura, no ideológica y aun así escrita expresamente para avanzar en el interés de clase del proletariado. Pero mientras que toda la economía y otras disciplinas “burguesas” del pensamiento eran interpretadas por Marx como falsas por definición, como racionalizaciones “ideológica del interés de clase burgués, los marxistas

no fueron lo suficientemente coherentes como para asignar a sus propias doctrinas un carácter meramente ideológico. Los principios marxistas, deducían, no son ideologías. Sin la muestra del conocimiento de la futura sociedad sin clases que, liberada de las trabas de los conflictos de clase, estará en disposición de concebir un conocimiento puro, no manchado por imperfecciones ideológicas.1

David Gordon ha resumido esto apropiadamente:

Si todo el pensamiento acerca de los asuntos sociales y económicos está determinado por la posición de clase ¿qué pasa con el propio sistema marxista? Si, como proclamaba orgullosamente Marx, buscaba proporcionar una ciencia para la clase trabajadora, ¿por qué debería aceptarse cualquiera de sus opiniones como verdadera? Mises apunta correctamente que la opinión de Marx se refuta a sí misma: si todo el pensamiento social es ideológico, entonces esta proposición es ella misma ideológica y se han socavado las bases para creerla. En su Teoría del valor de la plusvalía, Marx no puede contener su desdén ante la “apologética” de diversos economistas burgueses. No se da cuenta de que en sus constantes burlas por la inclinación de clase de sus colegas economistas, no hacía sino cavar la tumba de su propia propaganda gigantesca a favor del proletariado.2

Mises también apunta que es absurdo creer que los intereses de cualquier clase, incluyendo la de los capitalistas, puedan atenderse mejor con una doctrina falsa que con una doctrina correcta.3 Para Marx, de lo que trata la filosofía es solo el logro de algún objetivo práctico. Pero si, por pragmatismo, la verdad es solo “lo que funciona”, entonces indudablemente los intereses de la burguesía no se verían atendidos siguiendo una teoría falsa de la sociedad. Si la respuesta marxista sostiene, como lo ha hecho, que la falsa teoría es necesaria para justificar la existencia del gobierno capitalista entonces, como apunta von Mises, desde el propio punto de vista marxista, la teoría no debería ser necesaria. Como cada clase busca despiadadamente su propio interés, no hay necesidad de que los capitalistas justifiquen su gobierno y su supuesta explotación a sí mimos. Tampoco hay ninguna necesidad de utilizar estas falsas doctrinas para mantener sometido al proletariado, ya que, para los marxistas, la existencia o eliminación de un sistema social concreto depende de las fuerzas materiales productivas y no hay manera por la que la consciencia pueda retrasar esta evolución o la acelere. O, si existe esa manera, y los marxistas a menudo conceden implícitamente esto, entonces hay un defecto grave y autodestructivo en el centro de la propia teoría marxista.

Es una conocida paradoja y otro defecto profundo en el sistema marxista el que, a pesar de toda la exaltación marxista del proletariado y la “mente proletaria”, todos los principales marxistas, empezando por Marx y Engels, fueran ellos mismos destacadamente burgueses. Marx era el hijo de un abogado acomodado, su esposa era miembro de la nobleza prusiana y su cuñado ministro del interior de Prusia. Friedrich Engels, su eterno benefactor y colaborador, era el hijo de un rico fabricante y era él mismo fabricante. ¿Por qué no estaban también determinadas por intereses burgueses de clase sus opiniones y doctrinas? ¿Qué permitió a su consciencia superar un sistema tan poderoso que determina las opiniones de todos los demás?

De esta forma, todo sistema determinista intenta proporcionar una vía de escape para sus propios creyentes, que son, de alguna manera, capaces de escapar a las leyes deterministas que afligen a todos los demás. Involuntariamente, estos sistemas se convierten de esa manera en contradictorios y autorrefutados. En el siglo XX, marxistas como el sociólogo alemán Karl Mannheim trataron de elevar esta vía de escape a una teoría superior: así, de alguna manera, los “intelectuales” son capaces “flotar libremente”, de levitar por encima de las leyes que determinan a todas las demás clases.

  • 1. Ludwig von Mises, Theory and History (1957, Auburn, Ala.: Mises Institute, 1985), p. 126, n3. [Publicado en España como Teoría e historia (Madrid: Unión Editorial, 2004)].
  • 2. David Gordon, "Mises Contra Marx", Free Market, 5 (Julio de 1987), pp. 2-3.
  • 3. Para la refutación de otro punto relacionado en la doctrina de la ideología de Marx, de que cada clase económico tiene una estructura lógica diferente de pensar (“Polilogismo”), ver Ludwig von Mises, Human Action (New Haven, Conn.: Yale University Press, 1949), pp. 72–91. [Publicado en España como La acción humana (Madrid: Unión Editorial, 2011)].
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